Crónica
Decadencia de la industria discográfica
Por Guada Cheja de

Me veo forzada a escribir esta nota en primera persona, sin el objetivo de ser el personaje principal, sino para dar el punto de vista de una persona que sigue comprando discos y sigue decepcionándose de ésta industria, no por el arte en sí, sino por el abuso en relación producto-precio.

Al igual que todo gran consumidor de música, bajo los ritmos compartidos que transitan libres por la red y copio CDs, pero mantengo el ritual de comprar discos de mis artistas preferidos. PJ Harvey es uno de esos pocos casos en que acudo a la disquería más cercana para adquirir el nuevo álbum antes de escuchar un sólo acorde. ¿Por qué hace esto? pensarán muchos, si puede conseguirlo gratis y, si realmente le gusta tanto, finalmente comprarlo.

Los que siguen consumiendo CDs originales, saben que escuchar un disco por primera vez, mirando el arte y leyendo las letras es un momento único, y no lo digo por ser romántica, pero sentarse a escuchar un disco, conectándose con su contenido no puede igualarse a escuchar un disco en la computadora mientras se chequean mails.

Al comprar el último disco de PJ Harvey, White Chalk, buscaba esa conexión, por eso pagué 31 pesos con noventa centavos una cajita de cartón envuelta en papel celofán. Hasta salir de la disquería sólo sabía que el disco tenía a una Polie Jean Harvey vestida de blanco en la tapa, y pretendía romper ese misterio en cuanto mi pie pisó la vereda de la calle Pueyrredón.

Rompí el plástico. El disco no se abría como esperaba, tenía una grieta en el extremo derecho que difícilmente dejaba sacar un sobre de cartón con otra foto de la cata autora inglesa, y en el reverso informaba todos los músicos que habían participado, los productores, ingenieros de sonido y la mar en coche. El CD, negro y sobrio se veía hermoso. Seguí hurgando para encontrar el boocklet y tardé tres segundos en descubrir que ese librito sólo existía en mi cabeza, que esta edición de “Industria Argentina”, como informa la parte trasera de la caja, sólo contenía lo que estaba sujetando en mis manos: la cajita, el sobre y el CD.

Luego de descargar la bronca con una caminata veloz, en mis membranas resonó un eco que me recalcó el por qué de la decadencia actual de la industria discográfica.

Sí, la descarga de música en el ciberespacio hizo bajar la venta de productos físicos, pero, como cualquier mercado, este se rige por la ley de oferta y demanda, marcada en este caso por el cambio de tecnologías. Entonces si en esta situación baja la demanda de CDs, una consigna razonable sería que ocurra lo mismo con los precios, o lanzar ediciones más económicas (como ocurrió con algunos álbumes, que de hecho obtuvieron resultados comerciales positivos).

Además es concerniente reflexionar que muchas producciones independientes con ediciones que incluyen letras de temas, fotos y colores brillantes, rondan entre los 12 y 15 pesos, por lo cual vale la pena pensar que no es una idea alocada vender discos a esos precios.

Un caso sumamente controversial al modelo establecido es el de Radiohead, que ofreció su último trabajo, In Rainbows, para descargar de Internet, con la consiga de que cada usuario podría pagar lo que quisiera (contrato que incluye la posibilidad de bajar el disco gratis o pedir el envío de una edición en vinilo por 40 libras esterlinas). Este plan resultó positivamente muy beneficioso para el grupo, las descargas se realizaron con un promedio de 8 dólares por disco, y por otra parte como Radiohead ejecutó este movimiento tras terminar su contrato con Emi, las ganancias fueron enteramente para la banda.

Así como existió el boicot al tomate cuando el precio lo transformó en caviar, los consumidores de discos deberíamos, evitando desde ya las producciones independientes, imitar esta acción. De todas formas el artista que es parte de una discográfica no recibe sus mayores ganancias del pequeño porcentaje que le entregan por la venta de álbumes. Entonces los prejuiciados no serían los músicos, el objetivo estaría centrado en que los CDs como producto físico vuelvan a ser accesibles para nosotros, los consumidores coleccionistas.
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